Suena tu despertador. Seguimos durmiendo. Suena la alarma de tu móvil. Enciendes la luz. Buscas algo. Te levantas. Vas a la cocina. Haces ruido, suena cerca, pero estás tan lejos...
Duermo. Con el ruido de la ducha me despierto. Pasas a la habitación. Me levanto y salgo. Salgo del sueño, mi cuerpo no aparece, sólo estás tú. Te veo, pero no me siento. Buscas en tu bolsa de deporte. "¡¿Te estás haciendo un porro?! En mi casa! Antes de ir a trabajar?! Si sólo fumas (tabaco) cuando sales! ... y le das una calada (....) al de algún amigo, pero desde luego, nunca te he visto liarte uno": pienso. Me acerco a tí. Vuelvo a ver mi cuerpo. Siento una gran tristeza, un dolor pesado, profundo, desgarrador.
"Sabes que soy "teatotal" (=no bebo alcohol), no fumo, pero te quiero, y por ello respeto tus decisiones, tus gustos, aunque no los comparta. Pero si vas contra mi libertad, contra mis principios, en mi habitación, mi casa (=mi mundo), y antes de ir al trabajo (=irresponsabilidad) me estás despreciando, estropeándolo todo."
No te digo todo esto. Como siempre. No soy capaz. Me quema el alma y no quiero discutir. Nunca discutimos. Callamos. Sabemos que nos queremos. Pero consigo articular "Abandona mi casa". Me miras, pero no reconozco tu cara. No eres totalmente consciente de lo que pasa. Te extrañas pero sales.
Estoy en una piscina. No sé cómo he llegado, pero me relaja, tengo una sensación agradable. Me cubre por la cadera.
También, esta mi hermana, y otras dos personas, las conozco pero no sé quienes son. Me agacho para que me llegue el agua a los hombros, fuera hace frío. El agua está caliente. Hay claridad. Estoy totalmente vestida, mi hermana y las amigas también. Andamos por la piscina. Uyggg, hay musgo. Hay una mancha de musgo justo donde estamos ahora y también hay musgo flotando por el agua. Es verde, es bonito pero me da asco. No quiero pisarlo porque resbalaría. Me alejo, el agua está calentita.
Nos vamos de compras.
servido por princesita
1 comentario
compártelo
Vamos a pasar el día en el campo, ¡qué guay! Hace un montón que no vamos todos juntos.
Es un bosque precioso, hay caminos para andar, muchos árboles, parece otoño porque hay muchísimas hojas por el suelo. La tierra está mullidita y húmeda.
Nos llaman para que entremos en un cueva. Me separo de vosotros porque tengo que entrar. Preferiría seguir pasando el día con mi familia, pero debo ir. Dicen que será un momento.
Dentro ¡hay aulas!. Me siento en una silla verde, con su mesa verde (como las del insti). No sé que hago aquí. Vienen más chicas todas están por lo mismo. Se quedan de pie junto a una barra. Les entregan la resolución de divorcio. Cuando lo oigo, me acerco. A todas les van dando un papel y se van. Va rápido. Se va la mujer que los entrega. Me toca esperar.
Veo que hay gente sentada en las sillas, están esperando algo (pero no lo mismo que yo). Veo una cara conocida, famosa. Me acerco para decirla que la admiro, que me gusta como trabaja; me dice que la deje en paz, que no la moleste. Me pongo a llorar, no sé porqué, pero me ha afectado mucho como me ha tratado, yo solo quería transmitirla mi respeto, halagarla, que se sintiera bien. Intento dejar de llorar, porque va a volver la mujer de antes y no quiero que piense que estoy triste porque me va a dar el divorcio. Se acerca, me enseña unos papeles, con párrafos y frases rodeados por círculos. Me dice que todo eso está mal. Que para que me dé el divorcio debo repetir la redacción. 
Me desespero. No puedo. Está escrito a máquina, eso significa que cuando lo hice no tenía ordenador y por tanto no tengo ninguna copia guardada. Además, no me acuerdo del libro sobre el que escribí, o lo que estudié o reflexioné, no lo sé, hay demasiados círculos, no podré hacerlo. No entiendo, no puede ser, me lo tiene que dar ya, por qué pasa esto; he pagado las tasas, he firmado, he hecho todo lo que tenía que hacer, no me puede hacer esto, por favor, ¡demeló a mí también!
Me voy en coche al trabajo, porque allí tengo ordenador. Es de noche y no tengo ni idea de qué hacer. Todo está oscuro. Casi no reconozco la nave, la oficina parece que está más alta, más lejos. Mi perrita me acompaña, menos mal, hace que me sienta un poco mejor, menos sola. Llega gente, pero Tina no ladra ¿por qué no me has avisado? Necesito ayuda. No sé que hago aquí.
Creo que despierto y me vuelvo a dormir.
Has estado toda la noche a mi lado, pero la pesadilla hizo que se me olvidara. No me acerqué a tí para protegerme, luché sola. Esta mañana, cuando ha sonado el despertador y me has abrazado... no sabes como te lo agradezco, me sentía rara, mal. Hasta que no te has ido, no he recordado el motivo.
servido por princesita
3 comentarios
compártelo
Voy a casa de mi abuela paterna, con mi prima y sus 2 niños. Vamos para que vean a los niños.
Nos abre la puerta mi tía Pili. Se extraña de verme. Hace mucho que no nos vemos. Y más que no hablamos.
Entiende que voy a acompañar a mi prima.
Pasamos y veo a mi abuelita. Vá andando, está haciendo las tareas de la casa... (no me doy cuenta de que estoy soñando, aunque mi abuela ya murió y no la recuerdo andando porque la tuvieron que amputar un pie por la diabetes).
Pasamos al salón. Todo sigue igual. Mí tía no hace caso a los niños. Por un momento parece que sólo estamos nosotras.
Le digo que no he venido a discutir ni a echar nada en cara. Que me duele que se haya llegado a ésto, que si hay algún remedio. Que la quiero. Que si pone de su parte...
Empieza a chillar. No la entiendo. Me asfixio. ¿Por qué está tan oscuro?
De repente los niños se asustan y salimos corriendo.
Al pasar por delante del baño, veo luz y me giro. La puerta está abierta. Veo a mi tía Marisol tomando un baño, tan tranquila.
Huímos. Creemos que nos perseguirá, pero ella es mayor y nosotras jóvenes.
Mi prima coge a su hija y yo al niño. Le agarro del cuello del abrigo, como si llevara un cachorro colgando de la mano. No pesa. No se queja.
Nos metemos en mi coche. En el mismo que llegamos.
Me tiemblan las piernas. No seré capaz de conducir. Tengo que hacerlo. Los pedales resbalan bajo mis suelas. ¡Es tan difícil! Salgo como puedo, salimos a la general, nos hemos salvado. Gracias.
servido por princesita
2 comentarios
compártelo
Hace años. Estudio en el instituto. Vivo con mis padres. Nuestro antiguo piso.
Llego a casa. Está vacía. Entro en mi habitación y estás ahí, agazapado, esperándome.
Quieres estar conmigo. Me das asco. No me toques. ¿Cómo has entrado?
Me siento mal. Tengo miedo. ¿Por qué me persigues? ¡SAL DE MI CASA!
Vienen mis padres. No se dan cuenta.
Te engaño. Te digo que si sales de mi Casa me iré contigo. Me crees y vas hacia la puerta. Sales y cierro.
Me quedo temblando.
Porque sé, que al otro lado, sigues esperando.
servido por princesita
3 comentarios
compártelo